18 noviembre 2006

Programa Nº 39: El misterio del Padre y el Hijo

Muy buenas noches. Les habla Daniel Iglesias. Les doy la bienvenida al programa Nº 39 de “Verdades de Fe”, transmitido por Radio María Uruguay desde Florida, Melo, Tacuarembó y San José y también a través de Internet. Los animo a enviarme sus comentarios o consultas al teléfono (035) 20535. Estaré dialogando con ustedes durante media hora.
El programa de hoy estará referido al misterio del Padre y el Hijo. Abordaremos este tema comentando el Libro III de la obra de San Hilario de Poitiers titulada De Trinitate. San Hilario vivió entre los años 310 y 367. Su obra De Trinitate, formada por doce libros, es una exposición de la verdadera fe sobre la Trinidad, en contra de la herejía arriana, que negaba la divinidad del Hijo. Analizaremos el libro III, cuyo tema principal es el misterio de la unidad y la distinción entre el Padre y el Hijo. Dividiremos este libro en las siguientes cuatro secciones:
· En la primera sección San Hilario aborda el misterio del Padre y del Hijo a partir de las nociones de la eternidad del Padre y la generación o nacimiento del Hijo. Esta última noción es la clave de su pensamiento teológico.
· En la segunda sección Hilario presenta los milagros como manifestaciones visibles del poder y la sabiduría de Dios, que suscitan la fe en el nacimiento del Hijo.
· En la tercera sección el autor realiza un excurso sobre la mutua glorificación del Padre y del Hijo, que ilumina el misterio de su unidad.
· En la sección final, Hilario realiza una exhortación a la fe. El entendimiento humano, incapaz de abarcar el misterio de Dios, debe reconocer sus límites y confiar en la palabra de Dios.

En la primera sección del libro San Hilario reflexiona acerca del misterio del Padre y del Hijo a partir de Juan 14,10:
“Resulta oscura para muchos la palabra del Señor cuando dice: Yo en el Padre y el Padre en mí. Y no sin razón, pues la naturaleza de la inteligencia humana no capta el sentido de esta frase...; es necesario que no existan en solitario aquellos de quienes tratamos... Hace falta que se conozca y se entienda lo que significa: Yo en el Padre y el Padre en mí;... de modo que lo que parece que la naturaleza de las cosas no permite, lo alcance el razonamiento a partir de la verdad divina”.
San Hilario subraya con insistencia la incapacidad de la criatura para comprender el misterio divino. De este modo su doctrina se opone frontalmente a las corrientes filosóficas que tendían a reducir ese misterio a los límites del entendimiento humano. Reconocer la finitud de la razón humana no impide a San Hilario hacer teología, profundizar el mensaje revelado por medio de la razón.
La inhabitación del Padre en el Hijo y del Hijo en el Padre sirve a Hilario para fundamentar la unidad de naturaleza y la distinción de las personas divinas. Hilario procura siempre que su oposición al arrianismo no lo lleve a caer en el modalismo o sabelianismo, herejía que afirmaba la existencia de una única persona en Dios, con tres formas o modalidades distintas de manifestarse. El Dios cristiano “no existe en solitario”.
En su acercamiento al misterio del Padre y el Hijo, Hilario se basa en la Revelación y utiliza el principio de la “analogía de la fe”. No se debe tratar de interpretar textos bíblicos aislados; se debe considerar todo lo que nos dice la Sagrada Escritura acerca del Padre y del Hijo:
“Y para que podamos comprender con más facilidad esta dificilísima cuestión hace falta que conozcamos primero al Padre y al Hijo según la doctrina de las Sagradas Escrituras; si partimos de las cosas conocidas y familiares, la exposición será más clara.”
San Hilario enumera los atributos de Dios Padre: es trascendente, inmanente, inmutable, invisible, incomprensible, perfecto y eterno. Al destacar no sólo la inmanencia sino también la trascendencia de Dios, Hilario descarta la imagen de Dios del panteísmo.
Luego el autor pasa a hablar del Hijo:
“Éste, el Padre ingenerado, ha engendrado de sí antes de todo tiempo al Hijo, no a partir de ninguna materia ya existente...; no lo ha hecho de la nada...; [ni] como una parte suya que se haya dividido, separado o extendido”
La generación del Hijo tuvo lugar “antes de todo tiempo”. Por consiguiente el Hijo es eterno, al igual que el Padre. Arrio afirmaba que el Hijo, por ser creatura, no era eterno, sino que había sido creado por el Padre, en un determinado momento, con vistas a la creación de todas las cosas.
El Hijo no fue creado “a partir de ninguna materia ya existente”, porque todo fue hecho por medio del Hijo. Tampoco fue creado de la nada, porque el Padre engendró al Hijo de sí mismo. Ni tampoco se puede hablar del Hijo como de una parte del Padre, porque “en él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente” (Colosenses 2,9).
El siguiente párrafo resume la doctrina de San Hilario sobre el nacimiento del Hijo:
“En un modo que no se puede ni entender ni expresar, antes de todo tiempo y de toda edad, procreó al Unigénito de la sustancia ingenerada que hay en él, y le dio a este Hijo nacido de él, por medio de su amor y de su potencia, todo lo que es Dios. Y así, el Hijo es unigénito, perfecto y eterno, del Padre ingenerado, perfecto y eterno”.
Si bien San Hilario afirma que el Hijo Unigénito es procreado de la sustancia ingenerada del Padre, al parecer evita usar el término “consubstancial” (homoousios), palabra clave del Credo del Concilio de Nicea, cuya interpretación había dado lugar a numerosos equívocos. Hilario enseña la misma doctrina del Credo de Nicea, pero valiéndose de otras palabras. En cambio Hilario se expresa de un modo muy similar al Concilio de Nicea al referir los atributos del Hijo a los atributos del Padre:
“Dios de Dios, espíritu del espíritu, luz que proviene de la luz”.
Luego el autor cita a Juan 10,38 (“El Padre en mí y yo en el Padre”) para establecer la unidad y distinción de estas dos personas divinas. La relación de generación es lo que a la vez une y distingue entre sí al Padre y al Hijo. Hay una distinción en la unidad. Esta distinción proviene de la relación de origen entre el Padre y el Hijo:
“todo el Hijo ha nacido de todo el Padre... El uno procede del otro, pero los dos son una sola cosa. No es que los dos sean el mismo, sino que el uno está en el otro, y no hay en uno y otro una cosa distinta. El Padre está en el Hijo, porque el Hijo ha nacido de él; el Hijo está en el Padre, porque de ningún otro tiene el ser Hijo”.
San Hilario sintetiza lo dicho en esta primera sección en las siguientes dos ideas:
· Por una parte, el hombre debe reconocer a Dios como Dios y no tratar de encerrarlo dentro de los límites de la naturaleza humana:
“No menospreciar a Dios en cuanto a su poder,... no equiparar nada al Padre ingenerado”.
· Por otra parte, se debe rechazar toda forma de subordinacionismo:
“no empequeñecer al Hijo a causa de la fuerza misteriosa de su nacimiento,... confesar al Hijo como Dios porque viene de Dios”.

En la segunda sección del libro, San Hilario presenta el ejemplo de los milagros.
El poder de Dios, que supera la razón humana, se manifiesta visiblemente en los milagros de Jesús, los cuales son un fundamento firme de la fe cristiana. Dios, previendo nuestra insensatez para juzgar acerca de las cosas divinas, venció nuestra audacia con el ejemplo de los milagros, signos que suscitan perplejidad e invitan a creer en Jesucristo. El ejemplo de los milagros de Jesús nos instruye acerca de su inefable nacimiento y suscita la fe en su divinidad.
“Así pues, queriendo el Hijo suscitar la fe en este nacimiento suyo, puso ante nosotros el ejemplo de sus obras... En el ejemplo de los milagros está la demostración para que creas que Dios puede hacer aquello cuyo modo de realizarse no puedes comprender.”
Para ilustrar su pensamiento, San Hilario comenta varios milagros de Jesús en particular:
El milagro de la conversión del agua en vino en las bodas de Caná es una transformación incomprensible en la que actúa la omnipotencia divina:
“Aunque el poder que Dios tiene es tal que es incomprensible al modo de razonar de nuestra inteligencia, no obstante, la fe está segura de él por los efectos que muestran su realidad... En un día de bodas en Galilea se hizo vino a partir del agua... El modo como ocurre el hecho engaña a la vista y a la inteligencia, pero se experimenta la fuerza de Dios en lo que se ha hecho.”
El milagro de la multiplicación de los panes conduce a una conclusión similar. El poder de Dios supera las capacidades del pensamiento y los sentidos humanos:
“El milagro de los cinco panes suscita una admiración semejante... Ni el pensamiento ni los ojos pueden seguir el proceso de una acción tan visible. Existe lo que no existía, se ve lo que no se entiende, queda sólo el creer que Dios todo lo puede.”
La concepción virginal de Jesús muestra la incongruencia de querer comprender racionalmente la generación eterna del Hijo de Dios. Si el hombre no puede comprender el misterio del nacimiento del Hijo en la carne de la Virgen María, mucho menos podrá acceder al misterio de la procesión del Hijo en el seno del Padre. Si Dios pudo hacer que María concibiera a Jesús sin intervención de varón, también puede engendrar de Sí mismo al Hijo.
La aparición de Cristo resucitado a sus discípulos congregados en el cenáculo, para confirmar la fe del Apóstol Tomás en las mismas condiciones que éste había puesto, muestra la condescendencia del Señor, que manifiesta su poder invisible para librarnos de la duda y la incredulidad. San Hilario rechaza la actitud de los que se erigen en jueces de los misterios divinos, negando los hechos que no pueden comprender e inventando falsos razonamientos sobre las cosas invisibles, en lugar de atenerse a la palabra de Dios. Su mentira es vencida por la autenticidad del acontecimiento milagroso. La debilidad de la inteligencia humana no justifica el rechazo de los milagros ni el del misterio del nacimiento eterno del Hijo unigénito de Dios:
“No niegues que él se puso en pie en medio de ellos porque, a causa de la debilidad de tu inteligencia, no puedas entender cómo entró aquel que estaba en medio. No quieras desconocer que el unigénito y perfecto Hijo ha nacido como Dios del Padre ingenerado y perfecto por la simple razón de que el poder en virtud del cual se ha dado este nacimiento exceda la inteligencia y el lenguaje de la naturaleza humana.”
El Hijo es inefable como el Padre por ser su unigénito. Para llegar a comprender al Padre es necesario comprender al Hijo, que es su imagen.
Los que niegan la fe proclamada por la Iglesia en Nicea son prudentes según el mundo y necios para Dios. Los argumentos de los que niegan la generación del Hijo concibiéndola como una partición del Padre no provienen de la fe cristiana sino de la adhesión a ciertas doctrinas filosóficas:
“Hay muchos prudentes según el mundo... que, cuando oyen que hay un Dios nacido de Dios... nos contradicen como si afirmásemos cosas imposibles; y se adhieren a las conclusiones de ciertas ideas...”
San Hilario condena esta “sabiduría del mundo” citando a Isaías y a San Pablo. Cristo crucificado, escándalo para los judíos y necedad para los gentiles, es en verdad fuerza y sabiduría de Dios. La sabiduría de este mundo nada vale frente al poder de Dios, manifestado en los milagros de Jesús.
La creación entera da testimonio del poder y la sabiduría de Dios. La falta de fe, que nos lleva a desconfiar de la palabra de Dios, nos impulsa a destruir el mundo creado por Dios. Si pudiéramos, nos ensañaríamos con furor mortal contra todas las obras de Dios. Afortunadamente nos contiene nuestra finitud.
“Además, todas las obras del mundo nos podrían servir de testigos para que no creamos lícito dudar acerca de las cosas de Dios y de su poder. Pero nuestra falta de fe arremete contra la misma verdad y atacamos con violencia para destruir el poder de Dios.”

Ahora haremos unos minutos de pausa para escuchar música.
INTERVALO MUSICAL
Continuamos el programa Nº 39 de “Verdades de Fe”, transmitido por Radio María Uruguay. Los invito a llamar al teléfono (035) 20535 para plantear sus comentarios o consultas.
Nuestro programa de hoy está dedicado al misterio del Padre y el Hijo. Continuamos comentando el Libro III de la obra de San Hilario de Poitiers titulada De Trinitate. En la primera parte del programa analizamos las dos primeras secciones de este libro. En esta segunda parte analizaremos las últimas dos secciones del mismo.

La tercera sección del libro trata sobre la glorificación del Padre y el Hijo.
San Hilario expone la finalidad de la encarnación del Hijo de Dios, cuya misión consistió en cumplir la voluntad del Padre que lo envió:
“Movido por su preocupación por el género humano, el Hijo de Dios se hizo hombre... para darnos testimonio de las cosas divinas... y para anunciarnos a Dios Padre...; así cumplió la voluntad de Dios Padre, como él mismo afirma: “No he venido a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado”(Juan 6,38)”.
El resto de la sección es un rico comentario a Juan 17,1-6:
“Padre, viene la hora; glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique; como le diste potestad sobre toda carne, para que a todo lo que le diste dé él vida eterna. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y al que enviaste, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora glorifícame, Padre, junto a ti mismo con la gloria que tuve junto a ti antes de que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste.”
Llegada la hora de la pasión, el Hijo le pide al Padre que lo glorifique para que a su vez Él pueda glorificarlo. San Hilario se pregunta cómo entender esto. ¿Cómo quien debe dar gloria a otro puede pedirle la gloria que él mismo ha de darle?
San Hilario muestra su desconfianza hacia los razonamientos filosóficos y la sabiduría humana en relación con su capacidad para esclarecer este misterio divino:
“Comparezcan los sofistas del mundo y los sabios de Grecia y traten de encerrar la verdad en las redes de sus silogismos. Pregunten de qué manera, de dónde y por qué. Y cuando se queden dudando escuchen: “Porque Dios eligió lo necio del mundo” (Primera Corintios 1,27)”.
Esa petición de gloria que a su vez ha de ser devuelta, muestra que hay una reciprocidad en el dar y recibir la gloria. La mutua glorificación del Padre y del Hijo evidencia su unidad en la naturaleza divina:
“la petición de la gloria que se ha de dar y, a su vez, se ha de devolver... muestra en uno y en otro la misma fuerza de la divinidad, ya que el Hijo pide ser glorificado por el Padre y éste no desdeña la glorificación que viene del Hijo. La unidad de poder del Padre y del Hijo se demuestra por la reciprocidad del dar y recibir la gloria.”
En el lenguaje corriente, la palabra “gloria” significa el reconocimiento u honor que recibe una persona a causa de su peso, riqueza o importancia. En el lenguaje teológico, la gloria debe ser entendida como los sentimientos o la actitud que provocan en otros la grandeza y la fuerza del amor divino.
San Hilario distingue la filiación divina del Hijo de la nuestra. El Hijo es Hijo de Dios por naturaleza; los cristianos somos hijos de Dios por adopción. De este modo Hilario se pronuncia contra el adopcionismo:
“Éste es el Hijo propio y verdadero por su origen y no por adopción, en realidad y no de nombre, por su nacimiento y no por creación.”
El Padre glorifica al Hijo cuando le da todo poder, haciéndolo principio vivificador, pero a su vez el Padre es glorificado por las obras del Hijo. La glorificación debe ser entendida como don mutuo. Quien alaba al Hijo alaba necesariamente al Padre, de quien todo lo tiene. La gloria que el Hijo da al Padre es la manifestación y la comunicación del amor y la bondad del Padre a los hombres:
“por medio del Hijo es glorificado en nosotros,... y es glorificado porque el Hijo ha recibido de él poder sobre toda carne para dar a ésta la vida eterna... Y así, cuando el Hijo recibió todas las cosas, fue glorificado por el Padre. Y, por el contrario, el Padre es glorificado cuando todas las cosas se hacen por medio del Hijo.”
Comentando Juan 14,28 (“El Padre es mayor que yo”), San Hilario reconoce que puede hablarse de una cierta superioridad del Padre con respecto al Hijo:
· Por su origen, dado que el Padre es ingenerado y el Hijo es engendrado.
· Por la misión del Hijo, dado que el Padre es el que envía y el que hace su voluntad y el Hijo es el enviado y el que obedece la voluntad del Padre.
Pero inmediatamente San Hilario reacciona contra las herejías subordinacionistas, que interpretan erróneamente Juan 14,28 y otros textos similares:
“que el honor del Padre no disminuya la gloria del Hijo.”
Al comentar Juan 17,3 (“Ésta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y al que enviaste, Jesucristo”), San Hilario subraya que la vida eterna consiste en el conocimiento del Padre y del Hijo, iguales en cuanto a la divinidad.
En la encarnación, el Hijo de Dios asumió la naturaleza humana sin perder la naturaleza divina. Pero el Hijo era Dios y estaba junto a Dios antes de la creación del mundo y de su encarnación. Comentando Juan 17,5 (“Y ahora glorifícame tú, Padre, junto a ti mismo, con la gloria que tuve junto a ti antes que el mundo existiese”), San Hilario destaca que ahora el Hijo hecho carne pide al Padre que la carne empiece a ser para el Padre lo que era la Palabra.
“Pide para aquello que asumió la elevación a aquella gloria que él no ha abandonado.”
Al final de esta tercera sección, el autor muestra la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Dios ya se había manifestado en el Antiguo Testamento por medio de los patriarcas, Moisés y los profetas, pero el verdadero conocimiento del Padre nos lo da el Hijo encarnado, Palabra por excelencia que revela el rostro del Padre.

La última sección del libro trata del conocimiento de Dios.
Esta sección es una invitación a la fe en la generación eterna del Hijo. La obra más importante del Hijo fue la de manifestar el nombre del Padre. Dios no se revela en Cristo como creador sino como Padre del Hijo unigénito. Jesús no se proclama creador del mundo sino Hijo que revela a los hombres el misterio del Padre:
“ésta fue la obra más importante del Hijo, que pudiéramos conocer al Padre... Recuerda que no se te ha manifestado que el Padre es Dios, sino que se te ha manifestado que Dios es Padre.”
San Hilario insiste en la verdad de los nombres divinos: El Padre es verdaderamente Padre del Hijo; y el Hijo es verdaderamente Hijo del Padre. Desnaturalizar el significado de las palabras Padre e Hijo equivale a anular toda la historia de la revelación y la salvación.
San Hilario aplica el término “personas” al Padre y al Hijo para indicar su distinción en la misma naturaleza divina. El que engendra y el engendrado tienen una unidad de naturaleza. Hilario concluye que al confesar la inhabitación del Padre en el Hijo y del Hijo en el Padre, confesamos su semejanza en el poder y en la plenitud de la divinidad.
A partir de la expresión “nuestra semejanza” (Génesis 1,26), San Hilario concluye que hay semejanza entre el Padre y el Hijo y que la creación es obra de ambos.
Es un error creer que la inteligencia humana puede conocer la verdad total. Nuestras mentes imperfectas no pueden concebir lo perfecto. Tanto nuestra capacidad intelectual como nuestra capacidad de subsistir son dones de Dios:
“La causa de la increencia está en la flaqueza del pensamiento, por el que uno piensa que no ha podido suceder aquello que define como no realizable.”
Contra el engaño de los que piensan haber obtenido la sabiduría perfecta, San Hilario vuelve a citar a Primera Corintios 1,17-25. Los gentiles se equivocaban al basarse en su débil sabiduría, en lugar de basarse en la perfecta sabiduría de Dios. Los fieles, en cambio, confían en la potencia de Dios, que les dará todos los misterios de la salvación. Los judíos piden signos porque, conocedores de la Ley, se conmueven ante el escándalo de la cruz. Los griegos, movidos por la prudencia humana, preguntan la razón por la que Dios ha sido levantado en la cruz. Estas cosas están ocultas en el misterio. La imprudente sabiduría del mundo no conoció a Dios por medio de las obras de la creación. Por eso Dios quiso salvar a los hombres por la fe en la cruz.
El hombre no ha de juzgar a su creador:
“Nada de lo que se refiere a la acción de Dios ha de ser tratado según el parecer de la inteligencia humana, ni la criatura, que es fruto de su obrar, ha de juzgar acerca de su Creador.”
La fuerza divina nos da a conocer lo que es inaccesible a la razón humana. Para ser introducidos a la sabiduría de Dios debemos reconocer los límites de nuestra inteligencia y no poner límites al poder de Dios. Entonces comprenderemos que sólo podemos conocer a Dios si creemos en lo que Él nos ha revelado de Sí mismo en Jesucristo.

Querido amigo, querida amiga:
La teología de San Hilario de Poitiers, como la de los Padres de la Iglesia en general, está centrada eminentemente en la Sagrada Escritura. La obra de los Padres de la Iglesia es un ejemplo para los teólogos contemporáneos, a quienes el Concilio Vaticano II ha recordado que la Sagrada Escritura debe ser el alma de toda teología. A continuación sintetizaremos las principales conclusiones extraídas del texto de San Hilario que hemos analizado:
· El Hijo, engendrado por el Padre, es Dios como el Padre, pero no un segundo Dios. El Padre y el Hijo son un solo Dios.
· La Revelación del misterio de Dios llega a su plenitud con Jesucristo. Conociendo a Cristo podemos conocer a Dios.
· Los milagros de Jesús son signos reveladores de su identidad divina. Nos instruyen acerca del inefable nacimiento del Hijo.
· El Hijo de Dios glorifica a su Padre manifestando su Nombre a los hombres. Dios Padre glorifica a su Hijo en la hora de su Pascua, resucitándolo y exaltándolo como Señor.
· La Revelación nos da a conocer lo que es inaccesible a la razón humana. Para conocer a Dios debemos reconocer los límites de nuestra inteligencia y creer en lo que Él nos ha revelado de Sí mismo en Jesucristo.

Por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, ruego a Dios todopoderoso y eterno que te conceda creer con toda tu alma en el misterio de la unidad y la distinción del Padre y el Hijo.
Dando fin al programa Nº 39 de “Verdades de Fe”, me despido de ustedes hasta la semana próxima. Que Dios los bendiga día tras día.

Daniel Iglesias Grèzes
12 de diciembre de 2006.

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