20 agosto 2006

Programa Nº 29: La religiosidad de los uruguayos

Muy buenas noches. Les habla Daniel Iglesias. Les doy la bienvenida al programa Nº 29 de “Verdades de Fe”. Este programa es transmitido por Radio María Uruguay desde Florida, Melo, Tacuarembó y San José y también a través de Internet. Pueden enviarnos sus comentarios o consultas al teléfono (035) 20535 o al mail info.ury@radiomaria.org. Estaré dialogando con ustedes durante media hora.
El programa de hoy estará referido a la religiosidad de los uruguayos. Plantearemos algunas reflexiones y propuestas pastorales a partir de los datos estadísticos sobre la religiosidad de los montevideanos aportados por los siguientes dos libros:
1. Néstor Da Costa - Guillermo Kerber - Pablo Mieres, Creencias y Religiones. La religiosidad de los montevideanos al fin del milenio, Ediciones Trilce, Montevideo, 1996.
2. Néstor Da Costa, Religión y Sociedad en el Uruguay del siglo XXI. Un estudio de la religiosidad en Montevideo, CLAEH, CUM, Montevideo, 2003.
Las encuestas en las que se basan dichos libros fueron realizadas en 1994 y 2001 respectivamente. Lamentablemente no abarcan todo el país, sino sólo el departamento de Montevideo.

En primer lugar presentaremos los datos acerca de la religiosidad de los montevideanos que consideramos más importantes, según los resultados de las encuestas referidas, clasificándolos como positivos o negativos para la fe católica y añadiéndoles en ocasiones algún comentario. Es preciso tener en cuenta que dichos resultados se refieren a la autodefinición religiosa de las personas encuestadas.

Veamos en primer término los aspectos positivos.
Uruguay seguía siendo un país de población mayoritariamente católica: los católicos eran el 47,9% de la población de Montevideo en 1994 y el 54,0% en 2001. Dado que el porcentaje de católicos es algo superior en el Interior de la República que en Montevideo, consideramos seguro afirmar que en esos años los católicos eran todavía mayoría absoluta en el Uruguay.
Una amplia mayoría de los montevideanos se auto-definen como cristianos: el 60,5% en 1994 y el 65,6% en 2001. Hemos sumado los porcentajes de los católicos y de los cristianos no católicos, incluyendo en este último grupo a los cristianos de otras denominaciones y a los cristianos no afiliados a ninguna denominación.
Una amplísima mayoría de los montevideanos creen en la existencia de Dios: el 80,6% en 1994 y el 81,0% en 2001.
Casi la mitad de los montevideanos realizan una evaluación positiva o muy positiva de la Iglesia Católica: el 48,9% en 1994 y el 48,3% en 2001. Dado que las evaluaciones negativas o muy negativas son minoritarias, el saldo final de imagen de la Iglesia Católica es muy positivo. También el Papa, los Obispos, los sacerdotes y las religiosas tienen saldos de imagen positivos.
La Iglesia Católica es, con mucha ventaja, la institución en la que los montevideanos confían más. Además de la Iglesia, la única institución con saldo positivo de confianza es el Poder Judicial. Los cultos afro-brasileños y las iglesias pentecostales cierran la lista de instituciones evaluadas, presentando saldos de confianza muy negativos, lo cual hace pensar que difícilmente puedan seguir ganando muchos adeptos a mediano plazo.
Además se da una alta valoración de la familia: el 82,1% de los montevideanos le asigna mucha importancia. La familia es, con bastante ventaja, el más valorado de los ámbitos de la vida social.

Veamos ahora los aspectos negativos.
Los católicos disminuyen: en los últimos cincuenta años el porcentaje de católicos ha seguido, con altibajos, una clara tendencia decreciente: 67,0% en 1955, 72% en 1964, 47,9% en 1994 y 54,0% en 2001. La encuesta de 1955 parece haber sido menos precisa: la unidad en estudio era la familia, por lo cual un solo integrante de la familia aportaba los datos de todos los integrantes de la misma. Dejando pues de lado esa encuesta, resulta que en un período de 37 años (de 1964 a 2001) el porcentaje de católicos disminuyó 18 puntos, o sea casi medio punto por año.
Hay malas perspectivas para el futuro próximo: el porcentaje de católicos decrece sistemáticamente a medida que decrece la edad de los montevideanos. Mientras que entre las personas de 65 años o más los católicos ascienden al 61,9%, entre las personas de 18 a 29 años son sólo el 35,6%. La interpretación optimista de estos datos (vale decir, la hipótesis de que muchos montevideanos se convierten al catolicismo a medida que envejecen) debe ser descartada: el porcentaje de los que afirman que su vivencia religiosa aumentó a lo largo de la vida (20,8%) es prácticamente igual al de los que afirman que disminuyó (20,0%); y casi la mitad (49,8%) afirma que ni aumentó ni disminuyó. Más aún, sobre el total de quienes afirman haber experimentado cambios en su definición religiosa, el 56,8% afirma que el cambio se produjo entre los 13 y los 20 años. Casi todos esos cambios se produjeron antes de los 31 años. Por lo tanto cabe concluir que la mayoría de tales cambios consisten en la pérdida de la fe católica durante la adolescencia o la juventud. No obstante destacamos que los dos estudios considerados presentan una gran discrepancia en cuanto al porcentaje de católicos que ha mantenido siempre la misma definición religiosa: 95,5% en 1994 y 75,9% en 2001. Según el primer dato casi no habría conversiones hacia el catolicismo, mientras que según el segundo dato el porcentaje de tales conversiones sería apreciable.

Consideraremos ahora lo que podríamos llamar “amenazas internas”.
Las encuestas consideradas abundan en datos preocupantes acerca del bajo grado de adhesión a la Iglesia de muchos montevideanos que se definen como católicos. A continuación mencionaremos algunos de esos datos, agrupándolos según se refieran a la doctrina, a la liturgia o la oración personal o a la moral.
Muchos católicos no creen en doctrinas católicas fundamentales. Podríamos llamarlos católicos “a la carta”:
o Sólo el 79,1% de los católicos cree que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre.
o Sólo el 42,3% de los católicos opina que después de la muerte se resucita o se produce un encuentro con Dios. Sin embargo muchos creen en la reencarnación: 8,6% en 1994 y 28% en 2001.
o El 75% de los católicos cree en el alma, el 64% en el pecado, el 48% en el Paraíso, el 27% en el diablo, el 24% en el infierno y el 21% en la infalibilidad papal.
o El 24% de los católicos opina que la religión es el opio de los pueblos y el 28% que es un consuelo que se inventa la gente.
En general el grado de incongruencia con la doctrina católica no se reduce mucho si nos limitamos a considerar a los católicos practicantes o muy practicantes.
Hay muchos católicos “no practicantes”. El grado de práctica del culto católico es muy bajo:
· Sólo el 14,4% de los católicos se define a sí mismo como practicante o muy practicante. El 36, 1% se define como “no muy practicante” (o sea, poco practicante) y el 47,7% como no practicante. Sin embargo, un 51,9% de los católicos participa en expresiones de religiosidad popular católicas.
· El 55,8% de la población de Montevideo asistió de niño o de joven a una parroquia católica pero no lo hace actualmente. El 30,5% de la población y el 45% de los católicos afirma que acude actualmente a parroquias católicas. Sin embargo, dentro de ese grupo, el 14% (o sea, el 6,3% de los católicos o 3,4% de la población) asiste a Misa asiduamente, el 53% asiste ocasionalmente y el 32% no asiste a Misa.
· El 93% de los católicos opina que se puede ser buen cristiano sin ir a la iglesia todas las semanas.
· El 80% de los católicos opina que no hay necesidad de sacerdotes en tanto cada individuo puede encontrarse con Dios directamente.
· Sólo el 18,3% de los montevideanos se consideran vinculados a la Iglesia Católica.
· El porcentaje de la población de Montevideo que recibió los sacramentos de la Iglesia Católica bajó mucho de 1964 a 2001: Los bautizados descendieron del 94% al 85,8%; los confirmados del 63% al 33,8% y los casados por la Iglesia del 74% al 30,5%. En 2001 el 59,3% de la población de Montevideo afirmó haber recibido la Primera Comunión y el 36,8% haberse confesado al menos una vez en la vida. Seguramente muchos no recuerdan haberse confesado antes de su Primera Comunión.
· El alejamiento de los fieles católicos del culto creció mucho en las últimas décadas: mientras que en 1964 el 25% de los creyentes no concurría nunca al culto o lo hacía muy excepcionalmente, en 2001 el 59,6% no concurría.
· Sobre el total de creyentes en Dios, el 29,4% reza casi todos los días, el 29,4% reza con menor frecuencia y el 39,0% no reza.
Muchos católicos se han apartado de la doctrina moral de la Iglesia. Podríamos llamarlos católicos “mundanos”:
o Con respecto a la admisión del divorcio, el 70,2% de la población de Montevideo se manifiesta en acuerdo total y sólo el 11,1% en desacuerdo total.
o Con respecto a las relaciones prematrimoniales, el 60,3% se manifiesta en acuerdo total y sólo el 13,8% en desacuerdo total.
o Con respecto al rechazo de la educación religiosa en escuelas públicas, el 44,3% se manifiesta en acuerdo total y el 24,6% en desacuerdo total. La arraigada tradición laicista del Uruguay hacía temer un resultado peor en este punto.
o Con respecto a la legalización del aborto, el 45,9% se manifiesta en acuerdo total y el 38,5% en desacuerdo total.
Ahora haremos unos minutos de pausa para escuchar música.

INTERVALO MUSICAL

Continuamos el programa Nº 29 de “Verdades de Fe”. Este programa es transmitido por Radio María Uruguay desde Florida, Melo, Tacuarembó y San José. Saludamos a todos nuestros oyentes y les recordamos que pueden plantearnos sus consultas y comentarios llamando al teléfono (035) 20535.
Nuestro programa de hoy está dedicado a la religiosidad de los uruguayos, basándonos en dos encuestas realizadas en Montevideo.

Consideraremos ahora lo que podríamos llamar “amenazas externas”.
Primeramente veremos la fuerte incidencia del secularismo:
· En 1994 sólo el 23,5% de los montevideanos asignaba mucha importancia a lo religioso.
· En 2001 sólo el 47,3% de los montevideanos se definía como una persona religiosa, mientras que el 34,5% se definía como indiferente hacia lo religioso y el 11,5% como atea convencida.
· En general los porcentajes de montevideanos que afirman que lo religioso influye en diversos aspectos de su vida cotidiana son bajos: en un extremo de la escala, el 59,0% afirma que lo religioso influye en los momentos difíciles; en el otro extremo, sólo el 13,9% afirma que influye en las decisiones políticas.
· Sólo el 26,6% de los montevideanos se considera vinculado con una organización religiosa.
También existe una influencia notable de la superstición y el ocultismo:
· Un 10% de los montevideanos son muy propensos a creer en supersticiones, cábalas y prácticas anticipatorias del futuro. Otro 30% manifiesta una propensión menor al ocultismo.
· Casi el 30% de los montevideanos consultó alguna vez a un adivino o vidente para que le predijera su futuro.
El ateísmo, el agnosticismo y el deísmo también inciden de un modo muy relevante. El ateísmo es la postura más frecuente ante el “problema religioso” después del catolicismo.
· En 1994 los ateos eran el 14,4% de los montevideanos, ascendiendo al 23,2% entre los hombres y al 24,3% entre las personas de 18 a 29 años. Los agnósticos eran el 2,6% del total y los deístas el 8,3%.
· En 2001 los ateos eran el 12,8%, los agnósticos el 3,0% y los creyentes en Dios no afiliados a ninguna confesión religiosa (“deístas”) el 9,0%.
La incidencia de la New Age o “Nueva Era” sigue una tendencia creciente:
· La encuesta de 1994 no permite determinar el porcentaje de seguidores de la espiritualidad New Age. En cambio la encuesta de 2001 permite estimar este porcentaje en un 0,9%, sumando budistas, creyentes solares y metafísicos.
· Sin embargo, la influencia de la New Age llega mucho más allá de su pequeño número de seguidores estrictos: en 1994 el 11,3% de los encuestados creían en la reencarnación y en 2001 ese porcentaje ascendía al 24,3%.
También es relevante la influencia de la Umbanda:
· Los cultos afro-brasileños constituyen la principal religión no cristiana en Montevideo, concitando la adhesión de un 2,0% de los encuestados. La encuesta de 1994 no permite determinar el porcentaje de adherentes a esta religión. Seguramente existe una fuerte correlación entre el umbandismo y las creencias mágicas y supersticiosas.
· La práctica del umbandismo parece haber experimentado un retroceso en los últimos años. El porcentaje de montevideanos que participa con cierta frecuencia en cultos afro-brasileños ascendía al 4,3% en 1994 y al 3,0% en 2001, mientras que el porcentaje de la población que afirma haber participado en ellos por lo menos una vez era del 20,2% en 1994 y el 13,3% en 2001.
Los evangélicos y pentecostales son más numerosos que los umbandistas:
· Los cristianos no católicos ascendían al 12,6% en 1994 y al 11,6% en 2001 (sumando “evangélicos” y armenios ortodoxos). Esta última encuesta incluye dentro del subgrupo denominado “evangélicos” un 5,0% de cristianos no católicos sin denominación (“cristianos sin Iglesia”). Probablemente se trata en su mayoría de ex católicos que tampoco se consideran evangélicos o protestantes. Además discrimina un 5,6% de evangélicos (sumando evangélicos, evangélicos pentecostales y evangélicos bautistas). Es muy probable que la mayoría de estos evangélicos pertenezca a grupos más o menos sectarios, que han tenido un gran crecimiento en los últimos años: Asambleas de Dios, Ondas de Amor y Paz, Dios es Amor, Iglesia Nueva Apostólica, Iglesia Universal del Reino de Dios, etc.
· El porcentaje de montevideanos que participa con cierta frecuencia en cultos pentecostales ascendía al 2,1% en 1994 y al 1,8% en 2001, mientras que el porcentaje de la población que afirma haber participado en ellos por lo menos una vez era del 6,9% en 1994 y el 7,3% en 2001. Estas cifras parecen algo bajas, pero se debe tener en cuenta que el término “cultos pentecostales” es ambiguo y restrictivo.
· En cuanto al porcentaje de montevideanos vinculados a organizaciones religiosas, las Iglesias Evangélicas ocupan el segundo puesto con el 1,7%.
Por último subrayamos que desde el punto de vista sociológico la Iglesia Católica parece sufrir un serio problema de identidad, dado que es vista mayoritariamente como una mera organización filantrópica. La gran mayoría de los montevideanos (66,8%) opina que el cometido principal de la Iglesia Católica es ayudar a los pobres y necesitados (41,7%) o combatir la injusticia defendiendo los derechos de las personas (25,1%). El aspecto positivo de esto es que parece haber una alta valoración del compromiso católico con la justicia social.

Ahora plantearemos algunas propuestas pastorales que apuntan a fortalecer los aspectos positivos de nuestra realidad religiosa y a contrarrestar los negativos.
A nuestro juicio los católicos uruguayos deberíamos poner más empeño en evitar los siguientes errores:
· El “neo-triunfalismo”, actitud auto-complaciente que genera inmovilidad.
· La excesiva priorización de los aspectos políticos, sociales y económicos del cristianismo (la conversión individual tiene una prioridad ontológica frente a la conversión de la sociedad).
· El influjo de las teologías de la liberación de orientación marxista (aún relevante en nuestro país).
· Las tendencias de la pastoral de conjunto a una excesiva uniformización, a un excesivo énfasis en las instancias territoriales (parroquias y zonas pastorales) y a una escasa apertura al aporte de los nuevos movimientos, comunidades y asociaciones eclesiales.

A nuestro juicio los católicos uruguayos podríamos avanzar más rápidamente hacia la nueva evangelización impulsada por los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, por medio de una mayor concentración en los elementos esenciales de la vida cristiana.
Dentro de este necesario retorno a lo esencial podríamos destacar entre otros los siguientes aspectos:
· La constante proclamación de los principales misterios de la fe (la Santísima Trinidad, la Encarnación, la Gracia, etc.).
· El encuentro personal con Jesucristo vivo, único Camino hacia Dios Padre (la vida moral es siempre “acto segundo”, respuesta a la gracia de Dios experimentada en ese encuentro).
· La Iglesia, misterio de comunión entre Dios y los hombres, unida a Cristo por un vínculo indisoluble y encargada por Él de una misión de índole escatológica (la forma más eficaz de promover humanamente a los pobres es anunciarles el Evangelio de Jesucristo).
· La santidad como primera prioridad pastoral de toda la Iglesia (según lo estableció Juan Pablo II en su carta apostólica Novo Millennio Ineunte, números 30 y 31).
· Los medios de crecimiento de la vida cristiana: lectura de la Biblia, sacramentos (especialmente reconciliación y eucaristía), oración personal, dirección espiritual, retiros o ejercicios espirituales, pequeñas comunidades cristianas unidas en Jesucristo.
· La evangelización de las familias, a través de los siguientes medios: la pastoral familiar, instrumento central de la nueva evangelización; la catequesis familiar, medio de renovación de la catequesis; la formación de comunidades de familias cristianas, ámbitos de comunión para niños, jóvenes, adultos y ancianos.
· La enseñanza de los aspectos morales de la vida cristiana: la indisolubilidad del matrimonio, el rechazo de las relaciones sexuales prematrimoniales, la práctica de las virtudes humanas y cristianas, el compromiso con los pobres y la justicia (fundamentado teológicamente), la dignidad de la vida humana (contra el aborto, la eutanasia, etc.).
· La evangelización de la cultura, a través de los siguientes medios:
· La formación teológica de los fieles (especialmente catequistas, profesores de religión y otros agentes pastorales).
· Un mayor y mejor uso de los medios de comunicación social.
· La reforma de la educación católica.
· El impulso de la educación religiosa en las escuelas públicas con carácter optativo (esta iniciativa pondría en jaque al instrumento básico del secularismo: la escuela pública prescindente de lo religioso; su puesta en marcha debería ser gradual, debido a su gran complejidad).
· La defensa y propagación de la fe, con las siguientes características:
· El anuncio gozoso de Jesucristo como único Salvador.
· La presentación de la razonabilidad de la fe cristiana (se necesita una “nueva apologética”, sin excesos polémicos ni tendencias racionalistas).
· El combate decidido contra los errores de las sectas.
· El rechazo radical de las creencias mágicas y supersticiosas (¿por qué no en las propias promesas bautismales?)
· La necesidad de un testimonio cristiano entusiasta, razonable, comprometido y coherente (los fieles deben proponer la fe cristiana en todo tiempo).
· El cultivo del sentido crítico frente a las propuestas de los medios de comunicación social (¿no se podría, por ejemplo, practicar la abstinencia de televisión todos los viernes del tiempo ordinario?)

Querido amigo, querida amiga:
La nueva evangelización del Uruguay requiere nuestra conversión personal y una renovación de las comunidades cristianas en pos de un mayor entusiasmo, una espiritualidad más profunda, una participación más activa de los fieles en la liturgia, una vivencia más fuerte de la comunión eclesial y un mayor impulso misionero.
Por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, ruego a Dios todopoderoso y eterno que seamos fieles al llamado del Señor que, en estos tiempos de crisis de fe, nos urge a convertirnos y a creer en su Evangelio.
Damos fin al programa Nº 29 de “Verdades de Fe” y nos despedimos hasta la semana próxima. Que Dios los bendiga día tras día.

Daniel Iglesias Grèzes
3 de octubre de 2006.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Religiosidad de los uruguayos.
Claro que hay malas perpectivas para el futuro de la Iglesia,mientras los sacerdotes no sean verdaderos testigos de Cristo, que su palabra y su vida personal se correspondan, hoy por hoy no es así.Se predica un cosa y se vive otra.
Y eso sí,que la Iglesia sea la que
defienda al pobre, al oprimido, que vaya en contra de toda injusticia social, porque Cristo,era el amigo de los pobres, de la justicia.Es desde ahí de donde se convertirían muchos al catolicismo, porque se puede estar
muy cerca de Dios, sin estar dentro de la Iglesia. ¡¡Hay tantas formas de hacer el bien!!...

1:56 p. m.  
Blogger Daniel Iglesias said...

Estimado amigo:

La Iglesia es a la vez santa y necesitada de purificación, en sus sacerdotes y en sus fieles laicos.

Hay buenos y malos sacerdotes; pero, aunque podemos legítimamente hacer juicios sobre sus actos, no nos corresponde erigirnos en jueces definitivos de los sacerdotes ni de nadie, usurpando un lugar que sólo pertenece a Dios. Jesús nos enseña:
"No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; con la misma vara que midáis seréis medidos".

Cuidemos de no caer en el error de la hipocresía. Quitemos primero las vigas de nuestros ojos y luego podremos ver mejor para quitar las pajas de los ojos ajenos.

La Iglesia promueve la justicia social y está muy bien que lo haga. Lo que yo añado es que lo hace en definitiva buscando dar gloria a Dios y hacer a los hombres un bien que no es sólo terreno, sino sobrenatural, trascendente. Ésa es su misión propia.

Como cristiano digo: Quien está cerca de Dios, está cerca de Cristo; y quien está cerca de Cristo, lo sepa o no, está cerca de la Iglesia. Hay muchas formas de hacer el bien, pero algunas son moralmente obligatorias.

Un saludo cordial de
Daniel Iglesias

9:02 a. m.  

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