20 agosto 2006

Programa Nº 24: La familia

Muy buenas noches. Les habla Daniel Iglesias. Les doy la bienvenida al programa Nº 24 de “Verdades de Fe”, transmitido por Radio María Uruguay desde Florida, Melo, Tacuarembó y San José y también a través de Internet. Pueden enviarnos sus comentarios o consultas al teléfono (035) 20535 o al mail info.ury@radiomaria.org. Estaré dialogando con ustedes durante media hora.
El programa de hoy estará referido a la familia.
Comenzaremos presentando un resumen de los ocho discursos, mensajes y homilías que el Papa Benedicto XVI pronunció durante su viaje apostólico a Valencia (España) los días 8 y 9 de julio de 2006, con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias. Durante la ceremonia de bienvenida en el Aeropuerto, el Papa Benedicto XVI manifestó el objetivo de su visita a Valencia con las siguientes palabras: “El motivo de esta esperada visita es participar en el V Encuentro Mundial de las Familias, cuyo tema es «La transmisión de la fe en la familia». Mi deseo es proponer el papel central, para la Iglesia y la sociedad, que tiene la familia fundada en el matrimonio. Ésta es una institución insustituible según los planes de Dios, y cuyo valor fundamental la Iglesia no puede dejar de anunciar y promover, para que sea vivido siempre con sentido de responsabilidad y alegría.”
Considerando este doble objetivo del Papa (anunciar y promover el valor fundamental de la familia), dividiremos nuestra exposición en dos partes: una parte doctrinal, orientada a proponer la verdad sobre la familia, y una parte práctica, orientada a impulsar acciones a favor de la familia.

Pasemos entonces a la primera parte, o sea al anuncio de la verdad sobre la familia.
En primer lugar el Papa ha subrayado que la familia está fundada sobre la alianza matrimonial entre un hombre y una mujer y ha recordado las propiedades esenciales del matrimonio. En la Vigilia del sábado, durante el Encuentro Festivo y Testimonial, Benedicto XVI dijo lo siguiente:
“La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor. Por eso la Iglesia manifiesta constantemente su solicitud pastoral por este espacio fundamental para la persona humana. Así lo enseña en su Magisterio: "Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de manera que ya no son dos, sino una sola carne»".
Ésta es la verdad que la Iglesia proclama sin cesar al mundo. Mi querido predecesor Juan Pablo II, decía que "El hombre se ha convertido en ‘imagen y semejanza’ de Dios, no sólo a través de la propia humanidad, sino también a través de la comunión de las personas que el varón y la mujer forman desde el principio. Se convierten en imagen de Dios, no tanto en el momento de la soledad, cuanto en el momento de la comunión".
La familia […] se apoya sobre todo en una profunda relación interpersonal entre el esposo y la esposa, sostenida por el afecto y comprensión mutua. Para ello recibe la abundante ayuda de Dios en el sacramento del matrimonio, que comporta verdadera vocación a la santidad. […]
La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos durante toda su vida. Es un bien insustituible para los hijos, que han de ser fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Proclamar la verdad integral de la familia, fundada en el matrimonio como Iglesia doméstica y santuario de la vida, es una gran responsabilidad de todos.
El padre y la madre se han dicho un "sí" total ante Dios, lo cual constituye la base del sacramento que les une; asimismo, para que la relación interna de la familia sea completa, es necesario que digan también un "sí" de aceptación a sus hijos”.
En segundo lugar, y en consonancia con el tema central del Encuentro, el Papa subrayó la misión educativa de la familia. En el mismo discurso de la Vigilia, Benedicto XVI dijo lo siguiente:
“Junto con la transmisión de la fe y del amor del Señor, una de las tareas más grandes de la familia es la de formar personas libres y responsables. Por ello los padres han de ir devolviendo a sus hijos la libertad, de la cual durante algún tiempo son tutores. Si éstos ven que sus padres -y en general los adultos que les rodean- viven la vida con alegría y entusiasmo, incluso a pesar de las dificultades, crecerá en ellos más fácilmente ese gozo profundo de vivir que les ayudará a superar con acierto los posibles obstáculos y contrariedades que conlleva la vida humana. Además, cuando la familia no se cierra en sí misma, los hijos van aprendiendo que toda persona es digna de ser amada, y que hay una fraternidad fundamental universal entre todos los seres humanos.
Este V Encuentro Mundial nos invita a reflexionar sobre un tema de particular importancia y que comporta una gran responsabilidad para nosotros: "La transmisión de la fe en la familia". Lo expresa muy bien el Catecismo de la Iglesia Católica: "Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de fe".
Como se simboliza en la liturgia del bautismo, con la entrega del cirio encendido, los padres son asociados al misterio de la nueva vida como hijos de Dios, que se recibe con las aguas bautismales.
Transmitir la fe a los hijos, con la ayuda de otras personas e instituciones como la parroquia, la escuela o las asociaciones católicas, es una responsabilidad que los padres no pueden olvidar, descuidar o delegar totalmente. "La familia cristiana es llamada Iglesia doméstica, porque manifiesta y realiza la naturaleza comunitaria y familiar de la Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos". […]
Este encuentro da nuevo aliento para seguir anunciando el Evangelio de la familia, reafirmar su vigencia e identidad basada en el matrimonio abierto al don generoso de la vida, y donde se acompaña a los hijos en su crecimiento corporal y espiritual. De este modo se contrarresta un hedonismo muy difundido, que banaliza las relaciones humanas y las vacía de su genuino valor y belleza. Promover los valores del matrimonio no impide gustar plenamente la felicidad que el hombre y la mujer encuentran en su amor mutuo. La fe y la ética cristiana, pues, no pretenden ahogar el amor, sino hacerlo más sano, fuerte y realmente libre. Para ello, el amor humano necesita ser purificado y madurar para ser plenamente humano y principio de una alegría verdadera y duradera.”
En la homilía de la Misa de clausura del Encuentro, Benedicto XVI continuó desarrollando el tema de la familia como escuela de humanidad y transmisora de la fe. Dijo lo siguiente:
“Ningún hombre se ha dado el ser a sí mismo ni ha adquirido por sí solo los conocimientos elementales para la vida. Todos hemos recibido de otros la vida y las verdades básicas para la misma, y estamos llamados a alcanzar la perfección en relación y comunión amorosa con los demás. La familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria, y es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral.
Cuando un niño nace, a través de la relación con sus padres empieza a formar parte de una tradición familiar, que tiene raíces aún más antiguas. Con el don de la vida recibe todo un patrimonio de experiencia. A este respecto, los padres tienen el derecho y el deber inalienable de transmitirlo a los hijos: educarlos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio responsable de su libertad moral y de su capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados y, sobre todo, en el encuentro con Dios. Los hijos crecen y maduran humanamente en la medida en que acogen con confianza ese patrimonio y esa educación que van asumiendo progresivamente. De este modo son capaces de elaborar una síntesis personal entre lo recibido y lo nuevo, y que cada uno y cada generación está llamado a realizar. […]
La fe no es, pues, una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada. Aunque nadie responde por otro, sin embargo los padres cristianos están llamados a dar un testimonio creíble de su fe y esperanza cristiana. Han de procurar que la llamada de Dios y la Buena Nueva de Cristo lleguen a sus hijos con la mayor claridad y autenticidad. […]
La familia cristiana transmite la fe cuando los padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con ellos; cuando los acercan a los sacramentos y los van introduciendo en la vida de la Iglesia; cuando todos se reúnen para leer la Biblia, iluminando la vida familiar a la luz de la fe y alabando a Dios como Padre.
En la cultura actual se exalta muy a menudo la libertad del individuo concebido como sujeto autónomo, como si se hiciera él sólo y se bastara a sí mismo, al margen de su relación con los demás y ajeno a su responsabilidad ante ellos. Se intenta organizar la vida social sólo a partir de deseos subjetivos y mudables, sin referencia alguna a una verdad objetiva previa como son la dignidad de cada ser humano y sus deberes y derechos inalienables a cuyo servicio debe ponerse todo grupo social. La Iglesia no cesa de recordar que la verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Por ello, la educación cristiana es educación de la libertad y para la libertad.”
Ahora haremos unos minutos de pausa para escuchar música.

INTERVALO MUSICAL

Continuamos el programa Nº 24 de “Verdades de Fe”, transmitido por Radio María Uruguay desde Florida, Melo, Tacuarembó y San José. Saludamos a todos nuestros oyentes y les recordamos que pueden plantearnos sus consultas y comentarios llamando al teléfono (035) 20535.
Nuestro programa de hoy está dedicado a la familia.
Estamos presentando los principales conceptos expuestos por el Papa Benedicto XVI en Valencia (España) los días 8 y 9 de julio de 2006, con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias.

Pasemos ahora a la segunda parte de esta exposición, o sea a la propuesta de acciones prácticas a favor de la familia.
En la homilía de la Misa, Benedicto XVI exhortó a los esposos a permanecer abiertos al Espíritu Santo y a pedir su ayuda. Dijo el Papa: “Él no dejará de comunicarles el amor de Dios Padre manifestado y encarnado en Cristo. La presencia del Espíritu ayudará a los esposos a no perder de vista la fuente y medida de su amor y entrega, y a colaborar con él para reflejarlo y encarnarlo en todas las dimensiones de su vida. El Espíritu suscitará asimismo en ellos el anhelo del encuentro definitivo con Cristo en la casa de su Padre y Padre nuestro.”
En la Vigilia, Benedicto XVI pidió a toda la comunidad eclesial que apoye a las familias, sobre todo a las que están en situaciones difíciles. Dijo lo siguiente: “Los desafíos de la sociedad actual, marcada por la dispersión que se genera sobre todo en el ámbito urbano, hacen necesario garantizar que las familias no estén solas. Un pequeño núcleo familiar puede encontrar obstáculos difíciles de superar si se encuentra aislado del resto de sus parientes y amistades. Por ello, la comunidad eclesial tiene la responsabilidad de ofrecer acompañamiento, estímulo y alimento espiritual que fortalezca la cohesión familiar, sobre todo en las pruebas o momentos críticos. En este sentido, es muy importante la labor de las parroquias, así como de las diversas asociaciones eclesiales, llamadas a colaborar como redes de apoyo y mano cercana de la Iglesia para el crecimiento de la familia en la fe.”
En la homilía de la Misa, el Papa invitó a todos, especialmente a las asociaciones familiares eclesiales, a trabajar a favor del matrimonio y de la familia. Dijo lo siguiente:
“Para avanzar en ese camino de madurez humana, la Iglesia nos enseña a respetar y promover la maravillosa realidad del matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, que es, además, el origen de la familia. Por eso, reconocer y ayudar a esta institución es uno de los mayores servicios que se pueden prestar hoy día al bien común y al verdadero desarrollo de los hombres y de las sociedades, así como la mejor garantía para asegurar la dignidad, la igualdad y la verdadera libertad de la persona humana.
En este sentido, quiero destacar la importancia y el papel positivo que a favor del matrimonio y de la familia realizan las distintas asociaciones familiares eclesiales. Por eso, "deseo invitar a todos los cristianos a colaborar, cordial y valientemente con todos los hombres de buena voluntad, que viven su responsabilidad al servicio de la familia", para que uniendo sus fuerzas y con una legítima pluralidad de iniciativas contribuyan a la promoción del verdadero bien de la familia en la sociedad actual.”
En su discurso en la Vigilia, Benedicto XVI exhortó a los gobernantes a legislar respetando los derechos de las familias. Dijo lo siguiente: “Invito, pues, a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien evidente que los hogares en paz y en armonía aseguran al hombre, a la familia, centro neurálgico de la sociedad, como recuerda la Santa Sede en la Carta de los Derechos de la Familia. El objeto de las leyes es el bien integral del hombre, la respuesta a sus necesidades y aspiraciones. Esto es una ayuda notable a la sociedad, de la cual no se puede privar y para los pueblos es una salvaguarda y una purificación.”
En su Carta a los Obispos Españoles, entregada durante su visita a la Catedral de Valencia, Benedicto XVI invitó a los Obispos a “proseguir una incesante e incisiva pastoral familiar en vuestras diócesis, que haga entrar en cada hogar el mensaje evangélico, que fortalece y da nuevas dimensiones al amor, ayudando así a superar las dificultades que encuentra en su camino.”
Además el Papa alentó a los Obispos a seguir combatiendo al secularismo. Escribió lo siguiente:
“Conozco y aliento el impulso que estáis dando a la acción pastoral, en un tiempo de rápida secularización, que a veces afecta incluso a la vida interna de las comunidades cristianas. Seguid, pues, proclamando sin desánimo que prescindir de Dios, actuar como si no existiera o relegar la fe al ámbito meramente privado, socava la verdad del hombre e hipoteca el futuro de la cultura y de la sociedad. Por el contrario, dirigir la mirada al Dios vivo, garante de nuestra libertad y de la verdad, es una premisa para llegar a una humanidad nueva. El mundo necesita hoy de modo particular que se anuncie y se dé testimonio de Dios que es amor y, por tanto, la única luz que, en el fondo, ilumina la oscuridad del mundo y nos da la fuerza para vivir y actuar.”

Concluimos esta presentación recordando que el domingo 9, durante la ceremonia de despedida en el Aeropuerto, Benedicto XVI encomendó a Dios los frutos del Encuentro, diciendo: “Confío en que, con la ayuda del Altísimo y la maternal protección de la Virgen María, este Encuentro siga resonando como un canto gozoso del amor, de la vida y de la fe compartida en las familias, ayudando al mundo de hoy a comprender que la alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer establecen un vínculo permanente, es un gran bien para toda la humanidad.”
Aquí concluye el resumen de las palabras del Papa en Valencia.

A continuación leeremos el Mensaje Final del II Congreso Nacional de la Familia, que tuvo lugar en Montevideo los días 11 y 12 de octubre de 2003.

1. Una buena noticia sobre la familia.
Las familias católicas del Uruguay, congregadas junto a nuestros Pastores, nos dirigimos a todos nuestros conciudadanos a fin de:
• anunciarles la buena noticia sobre la familia revelada por Jesucristo, el Señor Resucitado;
• invitarlos a colaborar en la defensa y la promoción de la familia, "base de nuestra sociedad" (Artículo 40 de la Constitución de la República), a fin de que la familia sea el corazón de una cultura del amor;
• transmitirles algunas conclusiones extraídas de las múltiples reflexiones y experiencias compartidas durante el Congreso.

2. Los derechos y deberes de las familias.
"Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por esta razón ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos."
La libertad de elegir la clase de educación que queremos para nuestros hijos es un derecho humano fundamental. La organización del sistema educativo uruguayo no respeta este derecho básico, contrariando lo garantizado por el Artículo 68 de la Constitución y discriminando injustamente a quienes no están de acuerdo con el tipo de educación brindado en los establecimientos de enseñanza del Estado. Nos comprometemos a trabajar para cambiar esta situación inconstitucional y antidemocrática, a fin de que el Estado asuma plenamente su deber de ayudar a los padres a ejercer su derecho de educar a sus hijos conforme a sus propias convicciones.
"Las familias tienen el derecho de poder contar con una adecuada política familiar por parte de las autoridades públicas en el terreno jurídico, económico, social y fiscal, sin discriminación alguna".
La crisis de la familia no es sólo una consecuencia sino también una causa de la pobreza. El fortalecimiento de la familia debe ser un objetivo central de verdaderas políticas de Estado, en esencia independientes de los vaivenes electorales. La familia debe ser asumida como sujeto y objeto político y no como la destinataria de una mera sumatoria de políticas que no la consideran en su unidad. Se debe prestar particular atención a las políticas de empleo.
"La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente desde el momento de la concepción."
El Uruguay vive un momento crítico de su historia en lo que respecta al primero de los derechos humanos, el derecho a la vida. Exhortamos a todos los uruguayos a unir sus fuerzas para:
• Rechazar la legalización del aborto voluntario.
• Brindar alternativas válidas a las madres que esperan hijos no deseados.
• Modificar la normativa vigente en materia de adopciones, a fin de facilitarlas.
• Prohibir la clonación humana y toda forma de reproducción humana asistida que no respete la dignidad esencial del ser humano.
Nos comprometemos a ser, en estos asuntos fundamentales, la voz y el voto de aquellos que no tienen ni voz no voto.

3. La familia es un capital social.
La familia es la expresión fundamental de la naturaleza social del ser humano. Es una comunidad de personas basada en la alianza conyugal, por la cual un hombre y una mujer se entregan y aceptan mutuamente, estableciendo entre sí una comunión íntima de vida y de amor ordenada al bien de ambos y a la procreación y la educación de los hijos. El matrimonio es una institución natural dotada por el Creador de una muy alta dignidad, que debe ser amparada por la ley civil. No corresponde equiparar el matrimonio con ninguna forma de "unión de hecho".
El desarrollo económico de un país depende crucialmente de su "capital humano". La familia tiene un rol fundamental en la formación de este capital, por lo que una estructura familiar débil atenta gravemente contra la economía de una sociedad. La familia educa en virtudes fundamentales para la economía tales como honestidad, responsabilidad, laboriosidad, austeridad y solidaridad.
Nuestra civilización, afectada por ideologías materialistas, secularistas, racionalistas, relativistas y utilitaristas, vive una época de crisis moral y espiritual. A menudo los medios de comunicación social transmiten estas ideologías negativas hacia las familias. En este contexto no es fácil para las familias cumplir su misión de ser transmisoras de los valores humanos y cristianos. Las comunidades cristianas (parroquias, colegios, movimientos etc.) deben apoyar a las familias en esta difícil tarea.

4. La familia es el primer camino de la Iglesia.
La familia es una prioridad pastoral para toda la Iglesia. Dado que la familia forma parte del ser del hombre, toda acción pastoral de la Iglesia incide también sobre la familia. Las distintas ramas de la pastoral de conjunto deben ser coordinadas con la pastoral familiar. Por ejemplo, es imprescindible un trabajo conjunto entre la pastoral juvenil y la pastoral familiar en el área del noviazgo. La pastoral familiar debe llegar a todos los integrantes de la familia y tener en cuenta las situaciones de todas las familias (por ejemplo, los problemas propios de las familias rurales, el drama de la emigración que sufren tantas familias uruguayas, etc.).
La crisis de fe que afecta a muchas familias dificulta los procesos de iniciación cristiana realizados en parroquias o colegios. La catequesis familiar es una nueva metodología catequética que apunta a apoyar a la familia cristiana para que pueda cumplir eficazmente su misión de educar en la fe. Alentamos a los catequistas del Uruguay a conocer, experimentar y evaluar esta metodología.
La Iglesia comparte las alegrías y tristezas de las familias de nuestro país y quiere estar a su lado, ayudarlas a resolver sus problemas en distintos órdenes de la vida y transmitirles el misterio de la fe en el Dios revelado por Cristo. A la miríada de obras sociales eclesiásticas o civiles de inspiración católica de nuestro país se podrían sumar con fruto centros especializados en los problemas de la familia (consultorios familiares, centros de escucha y acogida, pastoral de acompañamiento, etc.)

5. La familia cristiana, iglesia doméstica.
La familia cristiana está fundada sobre el sacramento del matrimonio, que hace a los esposos partícipes del misterio de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia. Como Cristo amó a la Iglesia hasta el extremo y entregó su vida por ella, así los esposos deben amarse y entregarse recíprocamente.
Hay una vocación cristiana a la santidad en la vida matrimonial. Es preciso reconocer su altísima dignidad e impulsar a los novios y esposos a cumplir siempre la voluntad de Dios, viviendo lo ordinario de manera extraordinaria. Los padres, fortalecidos por la gracia del sacramento del matrimonio, son los pastores de la familia, iglesia doméstica. Han de ayudar a sus hijos a crecer en santidad y a descubrir y vivir su propia vocación particular, siguiendo a Cristo como María.
La familia cristiana participa de la misión de todo el Pueblo de Dios. Debe anunciar el Evangelio de Jesucristo con palabras y obras, sobre todo con el testimonio de una vida familiar ejemplar, yendo al encuentro de los otros y acogiéndolos con calidez, especialmente a las familias en situaciones difíciles o irregulares.

Al concluir este mensaje nos dirigimos especialmente a todos los matrimonios del Uruguay, llamando a cada esposo y esposa a renovar la entrega sincera de sí mismo, a construir entre ambos un amor fiel, fecundo, paciente, solidario y misericordioso y a vivir la paternidad responsable con generosidad.
Por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, ama de casa y sede de la Sabiduría, rogamos a nuestro Padre Dios que bendiga a todas las familias del Uruguay y las colme de su gracia, por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro único Salvador, en el Espíritu Santo. Amén.

Damos fin al programa Nº 24 de “Verdades de Fe” y nos despedimos hasta la semana próxima. Que Dios te bendiga día tras día.

Daniel Iglesias Grèzes
29 de agosto de 2006.

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