09 julio 2006

Programa Nº 19: La multiplicación de los panes (1)

Muy buenas noches. Les habla Daniel Iglesias. Damos inicio al programa Nº 19 de “Verdades de Fe”, transmitido por Radio María Uruguay desde Florida, Melo y Tacuarembó y a través de Internet. Pueden enviarnos sus comentarios o consultas al teléfono (035) 20535 o al mail info.ury@radiomaria.org. Estaré con ustedes hasta las 22:00.
El programa de hoy estará referido al milagro de la multiplicación de los panes, uno de los acontecimientos principales de la vida pública de Jesús. Este milagro tiene una gran riqueza de significados, especialmente por ser la prefiguración del sacramento de la eucaristía, fuente y cumbre de toda la vida cristiana.

La ciencia de la interpretación de los textos bíblicos es llamada exégesis. Los que la practican son llamados exégetas.
En relación a la historicidad de la multiplicación de los panes se han dado diversas explicaciones.
· La exégesis naturalista ve en este acontecimiento un simple reparto fraternal de provisiones. Por desgracia esta torpe explicación se está difundiendo entre los católicos, incluso en algunas homilías. El gran milagro de la multiplicación de los panes no tiene nada que ver con un picnic en el que se comparte la merienda. Es Dios mismo quien alimenta a su pueblo en el desierto.
· Otra corriente exegética considera los relatos de la multiplicación de los panes como una construcción mitológica.
· La exégesis católica tradicional ha visto siempre en estos relato el testimonio de un milagro realmente acontecido, de alcance mesiánico y escatológico.
Como veremos a continuación, la aplicación de los criterios de historicidad usuales a los relatos de la multiplicación de los panes permite concluir que verdaderamente Jesús dio de comer en el desierto a una gran muchedumbre con un número muy pequeño de panes y de peces.
Dejando de lado la resurrección de Jesús, la multiplicación de los panes es el único milagro que está narrado en los cuatro evangelios. Más aún, está atestiguado en seis relatos diferentes. Los evangelios de Mateo y Marcos refieren dos multiplicaciones de los panes, mientras que los de Lucas y Juan refieren sólo una, similar a la primera de Mateo y Marcos. Hoy casi todos los exégetas están de acuerdo en reconocer un solo suceso milagroso, narrado en Mateo y Marcos según dos tradiciones diferentes. Los duplicados de este tipo, comunes en la Biblia, se encuentran con frecuencia en los Evangelios. Probablemente son un indicio del cuidado de los evangelistas por conservarlo todo y de su respeto por la tradición.
Cada evangelista narra el hecho desde su propia perspectiva, dando detalles levemente diferentes y aportando matices complementarios a su interpretación teológica.
Los relatos de la multiplicación de los panes (sobre todo el de Juan) evocan diversos episodios del Antiguo Testamento, en particular la multiplicación de aceite y de pan por el profeta Eliseo y el episodio del maná y las codornices durante el Éxodo, planteando así la cuestión del Mesías. Los judíos del tiempo de Jesús esperaban a un nuevo Moisés que habría de renovar el gran prodigio de la época del Éxodo. No obstante, Jesús rompe con la idea corriente en Israel de un Mesías político y de un Reino mundano al sustraerse a los intentos de la gente que quiere nombrarlo rey, suscitando incluso la incomprensión de sus discípulos. Después de la multiplicación de los panes se pone en evidencia que Jesús pretende liberar a Israel por un camino totalmente inesperado para sus contemporáneos.
El signo de la multiplicación de los panes está en concordancia con el resto de la Revelación cristológica y tiene funciones y significados análogos a los del resto de los milagros de Jesús.
A pesar del carácter singularmente maravilloso de este signo, éste no pertenece al terreno de la magia. Jesús actúa, como en los demás milagros, con sencillez y por su propia autoridad. La sobriedad de los relatos hace eco a la del propio Jesús: no se dice cómo se obró el prodigio, sino que todos los invitados comieron hasta saciarse y se recogieron restos en abundancia.
Los relatos de la multiplicación de los panes tienen una estructura interna coherente, se insertan adecuadamente en el contexto de la crisis de la misión pública de Jesús y se relacionan perfectamente con otros misterios de la vida de Jesús.
Sólo la realidad histórica del milagro es capaz de explicar y armonizar los siguientes elementos:
· Como consecuencia de aquel suceso, Jesús fue considerado como el profeta esperado y se le quiso proclamar rey. Jesús se rehusó a ser rey, lo cual decepcionó a muchos de sus discípulos, que dejaron de seguirlo.
· Después de la multiplicación de los panes recrudecieron las discusiones de Jesús con los fariseos y saduceos, quienes le pedían que hiciera una señal.
· Este episodio, al principio incomprendido por los apóstoles, resultó sin embargo fundamental en su camino hacia la fe en Jesucristo.
· Este milagro tuvo gran importancia en la tradición litúrgica, en la redacción de los cuatro evangelios, en la iconografía de los primeros siglos y en la tradición patrística.

A continuación analizaremos las narraciones evangélicas de la multiplicación de los panes.
En primer lugar, consideraremos el contexto del milagro.
Tanto Mateo como Marcos colocan la primera multiplicación de los panes inmediatamente después de la ejecución de Juan el Bautista por orden del rey Herodes. Según Mateo, los discípulos de Juan, después de sepultar a su maestro, fueron a informar a Jesús. La noticia de la muerte del Bautista fue la razón por la cual Jesús se retiró a un lugar solitario antes del milagro. Jesús continuará y consumará la obra comenzada por Juan. La muerte del Bautista permite inferir que Jesús será entregado al mismo destino de muerte de los profetas. El martirio del precursor y las dos multiplicaciones de los panes preanuncian el misterio de la pasión.
Según Marcos, la primera multiplicación de los panes fue precedida por la misión de los Doce. El deseo de descansar con los apóstoles que volvían de su misión es aquí la razón por la cual Jesús se retiró con ellos a un lugar solitario antes del milagro. El éxito de la misión apostólica permite considerar el momento del milagro como el apogeo del ministerio de Jesús en Galilea.
En los evangelios de Mateo, Marcos y Juan, la multiplicación de los panes es seguida inmediatamente por otro milagro: Jesús camina sobre el mar. La multiplicación de los panes evoca la institución de la eucaristía y la entrega de Jesús en la Cruz. La caminata sobre las aguas es una epifanía de la gloria de Jesús; evoca la Resurrección. Se anuncian así los diversos aspectos del misterio pascual.
Los cuatro evangelios ubican cronológicamente el milagro de la multiplicación de los panes en un período crítico de la misión mesiánica de Jesús. Después de ese milagro decrece el entusiasmo del pueblo de Israel, decepcionado por el sentido espiritual que Jesús da al Reino de Dios. Jesús se queda con pocos discípulos, se dedica más a la formación de los Doce apóstoles y realiza viajes a tierras paganas. La primavera del ministerio de Jesús se va borrando poco a poco para dejar lugar al fracaso aparente y a las primeras sombras de la pasión. El evangelio de Juan es el que describe en forma más aguda esa crisis y el que la relaciona más directamente con la incomprensión del signo de la multiplicación de los panes. Juan describe las divisiones y deserciones que ocurrieron entre los discípulos después de la multiplicación de los panes y establece una relación estrecha entre este prodigio y la confesión de Pedro.
En los evangelios sinópticos (o sea, en Mateo, Marcos y Lucas) la multiplicación de los panes es seguida casi inmediatamente por la profesión de fe de Pedro, el primer anuncio de la Pasión y la Transfiguración de Jesús.
Jesús busca a menudo el silencio de la soledad o de la noche para orar. Le vemos dar gracias en el momento de las comidas y orar en acontecimientos importantes: en el Bautismo, antes de la elección de los Doce, en la Transfiguración, antes de la enseñanza del Padrenuestro, en el Huerto de los Olivos, en la cruz. Estas oraciones particulares manifiestan la comunicación permanente del Hijo con el Padre, quien nunca lo abandona y lo escucha siempre. La oración de Jesús a solas en el monte después de la multiplicación de los panes insinúa la importancia de ese episodio de la vida pública de Jesús.

Analicemos ahora a las acciones de los protagonistas.
Los protagonistas del hecho son Jesús, los discípulos y la gente.
· Las gentes siguieron a Jesús viniendo a pie de las ciudades.
· Los discípulos se acercan a Jesús, le plantean el problema del hambre de la multitud y le piden que la despida. Reciben de Jesús el mandato de alimentar a la multitud e insinúan a su Maestro que no pueden cumplirlo. Se preanuncia la función litúrgica de los Apóstoles en la Iglesia y el papel mediador de los discípulos.
· Jesús toma la iniciativa de dar de comer a las multitudes que le siguen. En el Evangelio de Juan la atención se centra todavía más en Jesús, quien no sólo plantea el problema del hambre de la gente sino que distribuye los panes a la multitud y da la orden de recoger los restos.

Veamos ahora las circunstancias de lugar, tiempo y situación.
Según los evangelios sinópticos, el milagro ocurrió en un “desierto”, un “lugar deshabitado”, “un lugar solitario”. En la Biblia el desierto tiene dos significados: es un lugar de proximidad con Dios y un lugar de tentación. Representa simbólicamente la intimidad de la conciencia, donde Dios habla al corazón del hombre y éste, solo ante Dios, elige obedecer o desobedecer la voz de Dios. El tema del desierto evoca los 40 años de peregrinación de Israel por el desierto y los 40 días de ayuno de Jesús en el desierto, después de su Bautismo en el Jordán. Jesús, nuevo Moisés y nuevo Elías, enseña a sus seguidores que toda la vida se pasa en un desierto, en el cual se ha de esperar el pan cotidiano. El marco del desierto y el recuerdo del maná subrayan que Jesús es el dispensador de la salvación definitiva.
Sólo el evangelio de Juan indica la época del año en que ocurrió el prodigio: “Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos” (Juan 6,4). Se trata de la Pascua anterior a la de la Pasión (o sea, probablemente la del año 29). El milagro y el discurso que le sigue adquieren por eso un carácter pascual: el pan dado por Jesús es una figura de la Pascua nueva.
Acerca de la hora del prodigio, la tradición sinóptica de la primera multiplicación de los panes indica que ocurrió al atardecer. En tiempos de Jesús los judíos tomaban la comida principal a media tarde. Sólo en los acontecimientos solemnes la comida se prolongaba hasta la noche. Esto permite vincular la multiplicación de los panes con la otra comida nocturna de Jesús mencionada por los Evangelios: la Última Cena.
En todo relato de milagro se presenta un obstáculo que impone un límite. En este caso tenemos a una gran multitud hambrienta en el desierto. Doscientos denarios no bastarían para darle de comer y sólo se tienen cinco panes y dos peces. La multitud podría haber sido distribuída por toda la orilla del lago, aunque no sin grave inconveniente. Jesús supera el límite por su poder divino.
Ahora haremos unos minutos de pausa para escuchar música.

INTERVALO MUSICAL

Continuamos el programa Nº 19 de “Verdades de Fe”, transmitido por Radio María Uruguay desde Florida, Melo y Tacuarembó. Saludamos a todos nuestros oyentes y les recordamos que pueden plantearnos sus consultas y comentarios llamando al teléfono (035) 20535.
Nuestro programa de hoy está dedicado al milagro de la multiplicación de los panes.

Consideraremos ahora los sentimientos de Jesús.
Los dos relatos de Mateo y los dos relatos de Marcos mencionan que Jesús sintió compasión de la gente:
· En Mateo 14 no se explicita el motivo de la compasión; como consecuencia, Jesús curó a los enfermos.
· En Mateo 15 y Marcos 8 el motivo de la compasión es el hambre y la falta de alimentos de la multitud; la consecuencia es que Jesús no quiere despedirlos en ayunas, para que no se agoten y desfallezcan en el camino.
· En Marcos 6 Jesús sintió compasión de la gente porque estaban como ovejas sin pastor; la consecuencia es que Jesús se puso a enseñarles muchas cosas. Se subraya así el carácter cristológico del suceso. Los invitados se recuestan sobre la “hierba verde”, expresión que evoca el Salmo 23 versículo 2. Jesús es el buen pastor que alimenta a su pueblo con el pan material y el pan de la palabra.

A continuación veremos que la multiplicación de los panes fue un banquete mesiánico.
Jesús solía comer con el gran círculo de sus oyentes. Pero en esta ocasión la comida tiene rasgos muy particulares. Jesús manda a la gente recostarse sobre el suelo. En aquella época los comensales estaban sentados durante las comidas ordinarias. Sólo comían recostados en los banquetes y especialmente en la cena pascual, donde ese gesto, símbolo de libertad, era una obligación ritual.
En los evangelios de Lucas y de Juan la orden de Jesús a la gente se cumple a través de los discípulos. El cumplimiento de esta orden da prueba de su capacidad de mando y de la fidelidad de los discípulos, que evidencia su fe incipiente en Jesucristo.
Marcos 6 menciona que la multitud se acomodó en grupos de cien y de cincuenta; en Lucas 9 Jesús mismo manda a sus discípulos acomodar a la multitud en grupos de cincuenta. De este modo se introduce un orden en la multitud y se crea una gran expectación.
Jesús multiplica los panes y la muchedumbre come hasta saciarse. El carácter prodigioso del acontecimiento es subrayado por la detallada referencia de las cantidades de pedazos sobrantes y de personas alimentadas. La extraordinaria cantidad de sobras recogidas enfatiza la sobrabundancia inagotable del don divino. Los discípulos han de recoger las sobras, ya que la vida no es una serie de milagros ininterrumpidos. Han de tomar precauciones humanas, aun cuando estén, por la fe, bajo la protección divina.

Consideremos ahora los alimentos.
Jesús alimenta a las multitudes dándoles panes y peces.
El pan era el alimento por excelencia. Será uno de los dos elementos materiales que Jesucristo elegirá para constituir el sacramento de la eucaristía.
Los peces son el fruto del trabajo de los discípulos, muchos de los cuales eran pescadores. Serán la materia de otro milagro de donación: la pesca milagrosa. El pez fue luego el signo que utilizaron los primeros cristianos para simbolizar a Jesucristo.
La escasez de las provisiones de Jesús y los discípulos indica que sus comidas cotidianas eran frugales.

Veamos ahora el simbolismo de los números.
Los números suelen tener un sentido simbólico en la Biblia. Los Padres de la Iglesia interpretaron en sentido espiritual los cinco o siete panes, los dos peces, los cinco mil hombres y las doce o siete cestas llenas de los trozos sobrantes:
· Los cinco panes representan a los cinco libros de la Ley.
· Los dos peces representan a las predicaciones de los profetas y de Juan (o bien a los profetas y los salmos).
· El número de los convidados representa al de los futuros creyentes. Según el Capítulo 4 de los Hechos de los Apóstoles, del gran número del pueblo de Israel que se hallaba presente, creyeron cinco mil hombres.
· Las doce canastas representan a las doce tribus de Israel y a los doce Apóstoles, es decir a todo el pueblo de Dios. El nuevo Israel en su totalidad ha quedado saciado y la abundancia permanece.
· Los siete panes y las siete espuertas representan a los siete días de la obra creadora de Dios. También este símbolo es una señal de plenitud.

Por último consideraremos la relación entre la multiplicación de los panes y la Última Cena.
Los propios evangelistas, y posteriormente los Padres de la Iglesia, vieron en el pan multiplicado por Jesús una prefiguración y preparación de la Eucaristía. El evangelio de Juan desarrolla esta idea en el discurso sobre el pan de vida. Los evangelios sinópticos, en cambio, relacionan la multiplicación de los panes y la Última Cena por medio de un rito común a ambos acontecimientos: la fracción del pan. La acción de partir el pan era entre los judíos un rito doméstico que inauguraba la comida familiar. El padre de familia tomaba el pan, recitaba la bendición, lo partía con las manos y distribuía los trozos a los comensales. Se constituía así la comunidad de mesa: los comensales formaban una unidad y Dios se consideraba presente. La bendición manifestaba que se recibía de Dios el alimento necesario para la vida. Era una oración de acción de gracias. En los evangelios se narran los gestos sucesivos de este rito inaugural de la comida en los relatos de la multiplicación de los panes, de la Última Cena y de la aparición del Resucitado a los discípulos de Emaús. De ahí podemos deducir que en la multiplicación de los panes Jesús actúa como padre de todo el pueblo y que hay un estrecho paralelismo entre la multiplicación de los panes y la Última Cena.
La Iglesia reconoce ese paralelismo al tomar de las narraciones de Mateo 14, Marcos 6 y Lucas 9 un detalle que introduce en las rúbricas de la Misa: “levantando los ojos al cielo”. Mirar al cielo es siempre una postura de oración.
La referencia a la institución de la eucaristía está más marcada en Mateo 14, puesto que no explicita la fracción ni la distribución de los peces (que no tienen significado eucarístico) y da a entender que son sólo los trozos sobrantes de pan los que se recogen al final del hecho.
En la Última Cena Jesús dio un significado nuevo a ese rito tradicional, al instituir el sacramento de la eucaristía, memorial de la Pascua cristiana, sacrificio de la Nueva Alianza y prenda de la gloria futura. La “fracción del pan” pasa a significar que todos los que comen de este único pan roto y entregado, que es Cristo, entran en comunión con Él y forman un solo cuerpo con Él.
El pan multiplicado en el milagro y el pan del sacrificio cristiano se relacionan como tipo y antitipo. La multiplicación de los panes prefigura la abundancia del único pan de la eucaristía. Tanto Jesús como los evangelistas son conscientes de esta relación. Jesús quiso que el reparto gratuito de alimentos que realizó en la multiplicación de los panes fuera una preparación del alimento celestial por excelencia, la eucaristía (que al principio será conocida como “fracción del pan”). El alimento que da a la multitud es un pan material que significa la voluntad de Jesús de entregar su cuerpo hasta la muerte para la salvación de los hombres.

Querido amigo, querida amiga:
Como conclusión, escuchemos el número 1336 del Catecismo de la Iglesia Católica:
“El primer anuncio de la eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: `Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?´ La eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio y no cesa de ser ocasión de división. `¿También vosotros queréis marcharos?´: esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo Él tiene `palabras de vida eterna´ y que acoger en la fe el don de su eucaristía es acogerlo a Él mismo.”
Por la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre del Redentor de los hombres, ruego a Dios que te conceda comprender el gran signo de la multiplicación de los panes, figura de la Eucaristía, y participar semanalmente del banquete eucarístico.
Damos fin al programa Nº 19 de “Verdades de Fe” y nos despedimos hasta el próximo martes a las 21:30. Que Dios te bendiga día tras día.

Daniel Iglesias Grèzes
25 de julio de 2006.

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